Tras la Segunda Guerra Mundial, la compañía Boeing era conocida principalmente por fabricar aviones militares (como el famoso bombardero B-17). Para diversificar el negocio, el nuevo presidente de la empresa decidió reorganizar los departamentos de ingeniería y asignó un bloque de números de tres dígitos a cada línea de productos: los 300 y 400 se reservaron para aviones de hélice comerciales, los 500 para motores de turbina y los 600 para cohetes y misiles.
El departamento encargado de desarrollar los nuevos aviones comerciales propulsados por reactores (jets) recibió el bloque de los 700. El primer modelo diseñado bajo este departamento fue el legendario prototipo Boeing 367-80, que sirvió de base para el avión comercial definitivo. Siguiendo el orden, a este nuevo jet le correspondía el nombre técnico de Boeing 700.
Sin embargo, al departamento de marketing de Boeing el número "700" le sonaba plano, frío y poco llamativo para competir en el mercado. Tras varias pruebas tipográficas y fonéticas, descubrieron que la combinación "Seven-O-Seven" (707) tenía muchísima más fuerza, ritmo y era mucho más fácil de recordar para el público. A partir de ese momento, la marca decidió fijar como regla comercial que todos sus aviones de pasajeros comenzaran y terminaran con el número 7, dando vida a la saga más famosa de la aviación mundial.