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Juan Velarde, el único español en la Formula Uno de la aviación

Juan Velarde, el único español en la Formula Uno de la aviación
El campeonato 'Red Bull Air Race', conocido como "la Fórmula Uno de la aviación deportiva", cuenta con un piloto español, el madrileño Juan Velarde, que surca el aire a 400 kilómetros por hora, soporta aceleraciones que multiplican su peso por diez y aspira a instalarse de forma habitual en los podios.

Velarde, que empezó a volar con 15 años y durante una década formó parte del equipo español de vuelo acrobático, llegó a la velocidad en 2014, una competición con 14 pilotos en la que es el único que compatibiliza su carrera deportiva con la aviación comercial, en la aerolínea Iberia, donde conduce un Airbus 330.

En una conversación con EFE en la sede de uno de sus patrocinadores, la empresa de simuladores Simloc en el aeropuerto madrileño de Cuatro Vientos, el único español de la Fórmula Uno de la aviación deportiva, en la que es séptimo, repasó su llegada a este campeonato, sus resultados y sus objetivos a futuro, que pasan por convertir en "recurrente" el podio logrado en Abu Dabi.

"La Red Bull Air Race es el deporte de motor más rápido del mundo. No hay una competición de motor que alcance las velocidades que alcanzamos nosotros, cercanas a los 400 kilómetros por hora. El nivel de precisión en el vuelo y tecnología es equiparable a la Fórmula Uno, no hay otra competición aérea en el mundo que tenga este nivel", asegura Velarde.

Siguiendo con el símil automovilístico, Velarde explica que el 'Michael Schumacher' de esta disciplina, el piloto más laureado de la historia de la Red Bull Air Race, es el inglés Paul Bonhomme, ganador en tres ocasiones del mundial (2009, 2010 y 2015) con 19 victorias y 45 podios, que se retiró hace dos temporadas, y ahora es comentarista de las retransmisiones de las carreras.

¿Quién sería el Lewis Hamilton o Sebastian Vettel, el dominador actual de la categoría? "No hay un piloto que domine claramente, es uno de los alicientes de la competición, que está muy reñida. El año pasado ganó el Mundial un alemán, Matthias Dolderer, y este año va séptimo. Es muy abierta", comenta Velarde.

Esta temporada el título se lo juegan el checo Martin Sonka y el japonés Yoshihide Muroya, a cuatro puntos uno del otro a falta de la última carrera, que se disputará el 15 de octubre sobrevolando el Circuito de Indianápolis (Estados Unidos).

"Ellos son los que más carreras han ganado, pero en el podio hemos estado seis o siete pilotos de los catorce. Hay muchísima competitividad, las diferencias son mínimas entre pilotos. Una diferencia grande puede ser medio segundo. La comparación con la Fórmula Uno es clarísima, cualquier pequeño error te puede pasar de estar en tiempos de ganar la carrera a ser séptimo u octavo", añade.

Los paralelismos con el campeonato de monoplazas se suceden unos a otros en una competición que se disputa mayoritariamente en circuitos de velocidad sobre los cuales se disponen unas boyas inflables de 25 metros de altura por las que deben pasar los aviones a modo de eslalon, en el menor tiempo posible y con maniobras acrobáticas que quitan el aliento.

La 'caravana' de la Red Bull Air Race, como la de la Fórmula Uno, traslada los aviones -todos tienen la misma planta de potencia, el mismo motor y la misma hélice- de un punto a otro del planeta embalados en palés, los equipos los montan en la semana previa a la carrera y tienen apenas tres sesiones de entrenamientos de cinco minutos cada piloto antes de la clasificación y la carrera, que se disputa al más rápido en vueltas cronometradas en solitario.

"El sábado por la mañana el último entrenamiento y por la tarde la clasificación. El domingo tenemos la carrera a tres mangas eliminatorias. Empezamos los catorce pilotos, la segunda manga somos ocho y de ahí ya pasan al final los cuatro últimos, que se juegan el podio", detalla Juan.

El piloto madrileño llegó a esta competición en 2014, después de una década en el equipo nacional de vuelo acrobático, con el que ganó medallas mundiales y europeas. Su principal ingeniero en el equipo es un excompañero del vuelo acrobático, Anselmo Gámez, que también compatibiliza la faceta deportiva con el trabajo en Iberia.

Una primera experiencia en 2014 en la categoría 'Challenger' de la Red Bull Air Race, en la que se compite con aviones de la organización, dio el paso al español a la categoría 'Master Class', en la que cada equipo se encarga de sufragarse su propio avión, con las especificaciones comunes y libertad para la parte aerodinámica.

"El primer año fue de aprendizaje, también teníamos un avión no demasiado competitivo, pero tuvimos momentos buenos. El año pasado ya tuvimos un avión bastante más competitivo y yo tenía más experiencia. Ganamos una clasificación en la segunda carrera y la primera manga de una carrera en Budapest. Esta temporada estamos consolidando resultados. En la primera carrera (Abu Dabi), hice mi primer podio, quedamos segundos", apunta Velarde.

El madrileño compara la diferencia entre el vuelo acrobático y esta disciplina de velocidad como la distancia que hay entre las carreras de rally y la Fórmula Uno.

"En las dos se trata de ir muy rápido con un coche, pero en detalle no tienen mucho que ver. Esto es igual, el vuelo acrobático es hacer figuras en el aire, el nivel de precisión y la técnica de vuelo son altísimas, pero en la Red Bull Air Race lo que se trata es de volar rápido", explica Velarde, que confiesa que en el escaso minuto que dura su vuelta apenas puede mirar los instrumentos de navegación del avión.

"Tiene que ser un vuelo muy preciso, a muy baja altura y a mucha velocidad. Tienes que intentar ser suave volando a 400 por hora y 11 fuerzas 'g' (aceleración gravitatoria, que multiplica la fuerza de su peso por diez, está prohibido superar los 12 'g' por seguridad), porque cuanto más suave seas más energía tiene el avión, que tiene que ser como una flecha, que gane pequeños kilómetros por hora en cada punto y es lo que te hace ganar medio segundo", apunta.

¿Se pude vivir de ser piloto de la Red Bull Air Race? A diferencia del vuelo acrobático, donde es "dificilísimo" según Velarde, en este campeonato patrocinado por la marca austríaca de bebidas energéticas, "prácticamente todos los pilotos son profesionales".

El propio Juan Velarde podría dedicarse solo a ello, pero combina su faceta deportiva con la de piloto comercial para Iberia, compañía con la que vuela al menos una vez al mes en vuelos de amplio radio, particularmente hacia Latinoamérica o Estados Unidos.

"La compañía se porta muy bien conmigo y hemos llegado a un punto de equilibrio en el que tengo que cubrir una serie de vuelos mínimos u horas de vuelo para mantener mi experiencia, pero a la vez me dan mucha manga ancha, tengo una reducción de jornada, pido permisos, combino mis vacaciones con las carreras... Me siento muy afortunado de poder mantener este equilibrio", comenta.

La temporada terminará en Indianápolis, pero Velarde ya piensa en la próxima, en la que quiere ser "uno de los equipos punteros".

"Siendo realistas, el año que viene podremos apuntar a estar en el podio de manera recurrente. Nuestro objetivo es apuntar al podio en todas las carreras", finaliza el piloto español de la Fórmula Uno del aire.

Fuente: diariovasco.com

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